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Autobiografía escolar: No siempre quise ser docente.

No siempre quise ser docente. No nací, como muchos dicen, con la vocación intachable de querer ser educadora. Sí, de pequeña amaba jugar a serlo. Me habían regalado un pizarrón que apenas alcanzaba con mis manos. Estaba aprendiendo a hablar algunas palabras en inglés. Mis alumnos eran mi familia, que se prestaba a cada juego mío mientras garabateaba ese pizarrón inmaculado. Por supuesto, pasaba la tarde con mi guardapolvo cuadrillé rosa, porque así copiaba a mi seño Liliana, de la salita de tres. Pero, ¿ser docente? No, sólo es un juego.
Cuando ya aprendí a escribir, en la primaria, me regalaron mi primera computadora. Era enorme, muy pesada y compleja. Aún así, empecé a usarla. Corría el año 1994, yo tenía 6 años. Por la misma época, sucedió la mudanza de mi familia a un departamento más grande. Ya no tenía mi pizarrón, pero seguía jugando a ser maestra. Ahora tenía mi propio cuarto. Y este nuevo espacio era mi aula. Usaba mi computadora nueva para armar listados de alumnos ficticios, inventaba sus nombres, historias, edades. Mi mamá, cada cuatrimestre, me compraba los cuadernos necesarios para que lleve a clases. ¡Tenía la letra enorme! Y se me terminaban enseguida. Yo usaba las últimas hojas para “mis alumnos”. Hasta que un día le dije: “si yo tengo cuaderno, mis alumnos tienen que tener”. No tuvo más remedio que comprar un cuaderno extra para que jugara. Me gustaba mucho hacer como si ellos tuvieran cuadernos de comunicados, en el cual yo inventaba y realizaba en la compu: tareas, dibujos para pintar, ¡evaluaciones! y les ponía nota. Pero, ¿ser docente? No, no estaba en mis planes.
No siempre quise ser docente, aún cuando la clásica prueba vocacional que me hicieron en el secundario me lo perfilaba. La psicóloga que nos visitó me dijo, luego de varias preguntas: “Tenés muchas chances de ser maestra”, como si elegir una carrera fuera una lotería en la cual uno tiene números y luego ve lo que le toca. Claramente le dije que no. Le retruqué: “Yo ya sé lo que quiero estudiar, y es diseño gráfico. No pienso ser docente”. Sí, me gustaba mucho todo lo relacionado con el estudio, y amaba cada vez que podía colaborar en algún acto escolar, ya sea con ideas o con lo que hiciera falta. Pero, ¿ser docente? Seguía sin estar en mis planes.
Cuando terminé la universidad, sabía que no había tocado mi techo educativo. Estaba segura que había una parte de mí que no estaba totalmente satisfecha. Sí, me gustaba lo que había estudiado. Pero algo adentro mío me repetía que no estaba todo dicho para mí. ¿Pero, qué era eso que me faltaba?
Una tarde, me crucé de casualidad con un informe en la tele. Era sobre el trabajo de un docente que recorría varias localidades en el norte del país para darle clases a unos pocos chicos en cada una de ellas. Hablaba con pasión, con entrega. No le importaban las distancias, el mal tiempo, la falta de recursos. Sólo le importaba llegar a clases donde esos chicos no solo aprendían, sino también eran contenidos afectivamente. No podría explicarles qué me pasó. Lo único que puedo decir es que me llené de emoción, de alegría, de satisfacción por ver ese ejemplo. Y que yo quería aportar algo, quería ser parte de la educación de los más pequeños. Y, por primera vez, de forma consciente, me dije: ¿ser docente? Sí, quiero serlo.
Quizás siempre, inconscientemente quise serlo. Todas las pequeñas muestras, los juegos, las ideas culminaban en este momento en el cual, por fin, me daba cuenta que sí quería ser docente, sí quería acompañar en la educación de los niños. Decidí iniciar el camino, con muchos temores pero también con muchas ilusiones. Porque entendí que esta vocación, también, se hace, y se va fomentando con cada paso que voy dando.

Comentarios

  1. Luego de leer la autobiografía, quiero destacar lo que tal vez a muchos/as nos sucede. El hecho de ser docente tal vez no siempre nos acompaño o lo imaginamos y un día algo nos hace click y ahi se encuentra con la respuesta. Me encanto este escrito, sobre todo porque relata con detalles desde el minuto cero hasta que decide ser docente. Te felicito! un gran trabajo!

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